| volver | pongamos qe ablo de canción |
Mis amigos se pasan los fines de semana de invierno qejándose del frío i aprovechando la más mínima oportunidad para ir a algún lokal cerrado. Salvando condiciones extremas yo prefiero la calle i cuando llega el verano recuerdo con nostalgia ese frío i me doi cuenta de como a ido desapareciendo sin qe nos diéramos cuenta. Qizás el frío me ace sentir más cerca de los qe tengo a mi alrededor o qizás las gitarras, mal afinadas, me acen sentir más lejos del frío. Qizás ya nunca ace frío.
Es verdad qe a veces escribo textos inconexos pero no creo qe se deba a qe el alkol destruye más neuronas cuando se bebe en la calle i anuqe su consumo pueda ser la causa de mi mala memoria, también es en parte el culpable de qe divage sobre temas en apariencia absurdos llegando a conclusiones qe nunca se me ubieran ocurrido.
Cualqiera qe esté leyendo esto podrá pensar qe soi un borracho incorregible qe defiende el botellón a capa i espada sin sopesar pros i contras, pero yo puedo pensar qe no es más qe un superficial qe no sabe leer entre líneas.
No me gusta molestar a la gente, ni llenar las calles de basura, pero aun en el caso de qe me gustara ya ai leyes bastante más antiguas qe la del botellón qe prohiben acer excesivo ruido o arrojar cosas en la vía pública. Además no entiendo a qién puedo molestar bebiendo en un parqe a un kilómetro de cualqier vivienda i recogiendo los desperdicios antes de irme.
Es verdad qe la lei antibotellón en realidad está echa por nuestra propia salud pero entonces no entiendo por qé no ai ninguna lei qe prohiba beber en casa o por qé nunca ai redadas en esos bares en los qe te da miedo oler la copa qe acaban de servirte.
No somos la generación del botellón, somos la generación del cambio climático, del garrafón, de la burbuja inmobiliaria i el bakalao.
Qizás debería aberse llamado pongamos qe ablo de madrid, pero se llama de canción.